03 junio 2010


Toda buena obra debe tener un gran final. 
Un cuento, una historia, un recuerdo sin fundamentos, lo que pudo ser, lo que pudo ser pero no fue. Aferrados a algo que no paso ni pasará, fijados en la idea, dándole vueltas en la cabeza en el día, en la noche, sin poder concentrarnos, sin poder pensar.
no hay arrepentimientos, solo preguntas. Miles de preguntas. Preguntas que probablemente nunca responderemos, por miedo a lo que tal vez pueda pasar si las respondemos.
Esos besos en el cuello, miradas que solo nosotros entendemos, esos abrazos y esos gestos.. reirnos por todo, el siempre poder ser nosotros, los pequeños recuerdos y detalles, difíciles de olvidar, esas cartitas, las de los mil corazones, las de los varios mensajes, esos mensajes casi subliminales. Pero.. ¿Qué más da? Cuando ya ni siquiera hay amistad..
Esa niña que el viernes por la noche ya no quiere bailar, sus amigas de su casa la van a sacar, ella sin reprochar se pone un vestido y un poco de delineador, los labios pintados y en sus mejillas pone un poco de color, antes de salir no olvida sus tacones, lista para conquistar y a romper corazones, pero ella dice que no puede aunque pienso que más bien no quiere, pues aferrada a lo inexistente todavía está. ¿Cómo sacar a esta niña de esa fantasía y llevarla a la cruda realidad?
¿Puede ser que la única forma de olvidar sea acudir a la rabia y al rencor? Pero.. ¿de que hablo? si entre éstos dos sólo hubieron caricias y diversión, largas conversaciones y miles de insinuaciones. Y por más de que trata de encontrar algo malo a que aferrarse, una razón para no querer hablarle ni abrazarle, no puede, ya que no existe tal rencor que busca. Lo puede disfrazar pero sabe que al final no va a funcionar, y que cuando la lluvia desaparezca el maquillaje y las máscaras chorreadas estén, se dará cuenta de que el rencor se fue, con esas gotas de lluvia, con esas lágrimas, lágrimas por un amor que nunca supo afrontar esos asuntos nunca resueltos, que nunca pudo recoger esos pedacitos de cristal que cayeron, ese que encontró la pega loca, pero dióse cuenta que sin piezas, no hay mucho que pegar. supuestos amigos que ya no tienen tanto de que hablar, mucho que decir pero no hay forma ni lugar, cosas imprescindibles para poder entonces finalizar eso que una vez comenzó mas nunca terminó ya que toda buena obra debe tener un gran final.  

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