09 febrero 2011





En uno de esos ataques de personalidad que parecen de mujer bipolar, le tiró el anillo y le dijo que no lo quería ver más, que si iba a seguir con esas tonterías que la dejara en paz, el hombre tonto decidió ni preguntar... y entonces ella caminó hacia la derecha y él hacia la izquierda, ninguno de los dos miró hacia atrás, la razón era obvia, era el miedo de voltear y verse mirando la espalda del otro que decidió no mirar. Ella pidió un taxi pues ya ni podía manejar y el prefirió caminar sin parar.
Ella se subió al taxi y éste le comenzó a hablar,
“¿Qué hace una muchacha tan linda llorando sola por este lugar?”
ella solo sonrió, no tenía ganas de hablar, como cuando quieres parar de llorar pero las lágrimas se salen así, sin preguntar.
Al taxista le gustaba conversar, hablo durante horas, 50 años de casado ese día cumplía, pero tenía que trabajar pues a la casa comida debía llevar. Se casó a los 19 y su mujer en casa con los nietos lo esperaba... mientras en el asiento trasero, ella se mordía las uñas, hace tiempo que no lo hacía, pero ahora hasta un poquito de sangre le salía, pero ya ni siquiera le dolía. Tan solo quería que el bendito taxista se callara de una buena vez, que le importa a ella, si tan solo tiene unos año de casada y las peleas ya la tienen harta.
Ella quería llegar a su casa o tal vez no ¿Qué pasa si al llegar sus cosas se llevó? ¿Qué pasa si la abandonó? Y se echa la culpa, pues fue ella la que le pidió que la dejase en paz, miles de pensamientos que de la cabeza no se puede sacar, pero el taxista solo la mira y sonríe un poco más, contándole de su vida y de que al amor lo hay que cultivar, que hay que aprender a querer lo que se tiene sin intentar cambiar al otro individuo tan particular
“Pues eres su pareja no su mamá y si estas con él es porque lo quieres tal como es” ella sabía que el viejo taxista estaba en lo correcto pero solo quería llorar y llamarlo una vez más, pero su orgullo era más grande que la culpabilidad.
“Aunque él también tenía culpa y ni intentó preguntar” susurró ella sin querer que el entrometido taxista siguiera... “y si lo amas, muchacha, ¿por qué no lo vas a buscar?” y ella se preguntaba lo mismo pero “¿para que? Si vamos a terminar igual” el taxista movía la cabeza y sonreía un poco más ante tanta inocencia.
“Da un poco más y espera un poco menos, la vida no es una novela ni una película de amor, pero definitvamente no hay mejor sentimiento que la ilusión” y ella solo lo escuchaba, mientras miraba por la ventana, sobre analizaba, cada paso que hizo, lo que pudo haber dicho pero no dijo, porque no entiende nada, como dos adolescentes que se odian y se aman.
Ella se va acordando de todo, por más que quiera guardarle rencor, la sonrisita del lado izquierdo le gana...
y el taxista le dice “lo que tu tienes muchacha, eso es miedo” y ella se va enervando con este taxista que tiene más boca que carro y esta tan confundida que comienza a pensar en lanzarse rápido, entre ese taxi tan incomodo y los pensamientos tortuosos...
Quiere dormirse, levantarse y que todo esté bien... y mientras el taxista seguía hablando ella se quedaba dormida y solo quería recoger los pedacitos que su ira había destruido por las falsas promesas, mentiras, desconfianza y su falta de autoestima.
             -------------------------------------------------------
Las llaves de la casa suenan y ella se levanta, entra él como si nada y un beso en la frente nunca falta, ella no entiende nada... se para y lo abraza y ahora y es él, el que no entiende nada, pero sin dudar, la abraza... y esa noche hablaron como hace tiempo que no pasaba, aunque discutieron mil veces para no perder la maña, porque no hay nada perfecto pero sobran las ganas.
Y él lleva la cena a la cama y la mira “que tonta... ¿como pensaste que te iba a dejar?” Y en su mesita de noche dejó el anillo sin titubear y ella, perpleja, miró su dedo sin anillo y se lo puso sin siquiera preguntar.
Que raro día, él que acaba de pasar, pero al final decidieron lo malo obviar, pues se quieren sin importar más. 

1 comentario: