Que rico se te ve el hilito cuando... Han pasado muchas cosas desde la última vez que estuve aquí... participé en una carrera donde me encontré a muchas personas neuronas en forma de dinero... me dijeron que botara mis sharpies de colores y que me ahombrara un poco, que me pintara el pelo o que me fuera al Peloponeso... que si quería salvar al mundo estaba en el lugar incorrecto. Lloré mucho, como de costumbre. No iba a ser la abogada que todos me presionaban para que fuera, la que en verdad nunca quise ser, pero me han dicho que si te repites algo muchas veces te lo terminas creyendo... entonces agarré mis sharpies de colores y mi cartuchera que en realidad es un estuche de bombones... no, de bombones no, de maquillaje... uso ese estuche porque supuestamente ya soy muy grande para llevar la cartuchera de princesas a la universidad, aunque sigo midiendo un metro 55´ pero seguramente se refieren a otro tipo de grande, en verdad no me importa mucho, les seguiré contando para no hacer tan largo el asunto... en la nueva carrera que comencé a trotar tengo una parada la cual es mi favorita, antropología filosófica, hoy hablamos de la humildad, de la confianza y de la honestidad... siempre escribo sobre la confianza, creo que todo siempre lleva a eso, confianza o en su defecto, desconfianza... las personas que necesitan hablar mal de otros porque se sienten tan pero tan poca cosa que necesitan posicionar a los demás como inferiores para ver si así pueden sentirse un poco superiores, parece como que lo lograran, pero no creo que lo hagan. Están los que piden que confíes, los que dicen ser los confiables, los mejores, y los tontos que confían a ciegas, los inteligentes estudiosos estudiantes que no saben nada de la vida porque prefieren lo técnico, en donde no te llevas tantos golpes pues simplemente lees sobre ellos. Tantos diferentes tipos de personas y al final, somos parte de un todo, somos lo mismo pero diferente... los tontos que quieren ser rebeldes pero no lo son, los que se manchan la piel con mensajes superfluos, los que insisten en que su muerte debe ser por cancer de pulmón y los que siguen creyendo que herbalife es la mejor decisión... si cazan a los kanguros en Australia por la sobrepoblación ¿por qué no cazar humanos por diversión? Esos que por naturaleza se les llama “persona” pero que sabemos que no lo son y que merecen ser cazados como todos los toreros deberían ser coleados.
Estoy cansada y dormida pero voy a salir igual, voy a escuchar Rawayana aunque sean unos patanes más porque tengo dieciocho años y supuestamente los debo aprovechar, en una hora me vienen a buscar, un, dos, tres shots azules y un atamel, a veces no se necesita nada más pues al fin y al cabo la felicidad puede ser un poco banal. Antes de irme voy a cocinar unas cuantas mentiras, pues parece que hoy en día es lo que las revistas solicitan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario