04 septiembre 2014

Despedidas, o algo así 



Mi vida estuvo llena de despedidas desde que tengo memoria; con una mamá peruana, de descendencia galesa/inglesa y un padre uruguayo, de raíces catalanas e italianas, pues mi historia, desde que se comenzó a escribir, fue un solo de despedidas... una familia de inmigrantes que llegó en la época dorada del mejor país del mundo y no se imaginaron que al no pulirlo, se pondría más negro que el petróleo.

Mis papás se conocieron una tarde en el metro de París, se mudaron a inglaterra y se casaron a escondidas, para luego irse a vivir a Argentina. Fue ahí donde nació mi hermano mayor, Claus. Su viaje continuó, y fue la parada final, por lo menos por 30 años más.

Fue así como viajábamos más de una vez al año, increíbles vacaciones y duras despedidas. Tal como había sido predecido, mi hermano mayor, siguiendo la tradición familiar y cultivando el problema de territorialidad, decidió emigrar a España. Años después mi mamá regresó a Perú y a Claus no le bastó con una emigración y se trasladó a Nueva York.

Mi hermano del medio, Alejandro, continuó la tradición y vive una semana en cada región, al parecer su problema de territorialidad es aún peor.

Tanto explicar el por qué de mi fobia a las despedidas y es tan simple... ese nudo en la garganta cuando cruzas la puerta para pasar a inmigración... ese esfuerzo para aguantar o suprimir las lágrimas, el hecho de dejar una parte de nosotros en cada lugar, esa parte que no es más que una razón para regresar... siempre he odiado los aeropuertos, aunque ya casi tengo amigos ahí, que suertuda me dirán, pero esas situaciones de siempre extrañar, de nunca estar completos, conmigo no van.

Ahora sí puedo volver a lo que les quería contar; hoy le preguntaba a mi mamá que cómo se enamoró de un hombre tan diferente a mi papá y ella respondió lo de siempre, que mi papá era igual a ella, se convitió en su mejor amigo, mientras que con mi padrastro, Raulito, no fue que se dio, sino que la conquistó... eso de conquistar nunca me ha parecido del todo real, pero quién sabe y es lo ideal.

No tengo muchas experiencias de amor que contar, pero es que para mi, you just know. Cuando yo lo conocí, hablando en acento cubano y disfrazado de meduza... cuando se bajó de un taxi que se lo quería llevar a comer perros calientes en Acarigua... cuando se dormía y roncaba en reunión de guías... y hasta cuando parecía pitufo pintado de azul... no es que siempre lo supe, es que no sabía nada más, porque nada más importaba... porque escondernos a hablar en la Quincalla, perdernos en excursiones y borrar actividades de la pizarra se volvió simplemente inevitable... y es que en el fondo no era nada serio, tantas noches despiertos, idas a la playa y bailar una que otra canción de merengue era lo nuestro. No tenía nada de malo este juego de dos, pues sabíamos ya que nuestro amor tenía fecha de expedición... y de repente estaba en la boda de su tía en galipán y viendo The Vow, meses después en Oxford, Londres, Paris y Berlin... y así fue como dejó de ser un juego.

La conversación con mi mamá no se quedó ahí, pues esa respuesta mi cerebro no la terminaba de asumir... lo describió como un click, es un momento, una acción, algo o quizá nada... y de repente mi cerebro hizo el click y volví a una fría noche en Berlín "...y derepente ocurre: algo se acciona,
y en ese momento, sabes que las cosas van a cambiar; ya han cambiado... y que, a partir de ahí, ya no volveran a ser lo mismo. Nunca... y cuando ocurre, lo sabes...” F. Mocchia.

... y que eso le pasó con ambos, igual pero diferente... es saber que a partir de ese momento ya nada es ni volverá a ser lo mismo... y que quizá todo comenzó mucho antes de que pudieras imaginarlo...

Yo creo que la vida nos separó por una razón, puede que necesitemos crecer por separado y darnos cuenta de muchas cosas... de repente reencontrarnos ya no como niños, después de haber tenido experiencias, vivencias... quizás la vida nos separó para que nos volvieramos a unir... o tal vez no.

Una persona me preguntó que si alguna vez había sentido que por más de que me despidiera mil veces de una persona nunca parecía suficiente; como si nunca bastara, "siento que me despido pero el sentimiento nunca se acaba, no importa el tiempo, siento que me tengo que seguir despidiendo.. de repente es para sentir que de verdad se terminó, pero ese momento nunca llegó" y ahí ella dijo... "lo que pasa es que sus caminos se van a volver a encontrar, lo suyo no es ni será una despedida..."

Todos los pedacitos se unieron y me di cuenta de que siempre que exista esa cosa intangible e inexplicable, también habrán razones para volver... y en ese momento entendí todo y mi vaso dejó de estar medio vacío, para estar medio lleno... lo que pasa es que mi vida nunca estuvo llena de despedidas... y por el contrario, estuvo siempre repleta de bienvenidas.


 "He aprendido que no importa lo que pase, o lo malo que parece hoy, la vida sigue adelante, y será mejor mañana... He aprendido que a veces la vida te da una segunda oportunidad... He aprendido que cuando decido algo con el corazón abierto, por lo general he tomado la decisión correcta... He aprendido que aún tengo mucho que aprender. He aprendido que la gente olvida lo que dijiste, la gente olvida lo que has hecho, pero la gente nunca va a olvidar cómo los hiciste sentir" fracción de un poema de Maya Angelou

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